El Paracaidismo en el Perú
Con el cuerpo confiado en la tela
y
puesta el alma en manos de Dios
Por Alberto Thorndike ElmoreMayor General FAP (R) 
El autor preparado a tocar tierra en Piura 1975 (Foto de Archivo Arriba Siempre Arriba)

Este artículo es el resultado de una investigación y consulta de las obras y artículos escritos por destacados miembros castrenses que vivieron --e impulsaron-- la disciplina del paracaidismo militar y deportivo en el Perú y algo de la experiencia personal en esta apasionante actividad.

La historia del paracaidismo peruano, jalonada por episodios sobresalientes, la exponen con singular acierto, entre otros, el Coronel EP César Villanueva Delgado en su óptimo libro titulado “Paracaidismo, Buen Salto”, tercera edición, y en diversos artículos publicados en las revistas AOFAP, Visión Aérea y ANTARQUI por el coronel FAP Alejandro Martínez La Rosa y otros entusiastas profesionales del deporte del nylon, obras que han servido de consulta útil para los fines bajo comentario, así como algunas enciclopedias y el libro “Ayer…un Día”, del autor del presente artículo.

En todos estos escritos encontramos no sólo recuentos veraces y profesionales de lo ocurrido en tiempos pasados y, en especial, en las últimas cinco décadas, sino que narran con detalle y autoridad, los afanes, tentativas, esfuerzos y sacrificios de aquellos que, de una forma u otra, hicieron, con su tesón e impulso casi personal --y en bastantes casos en forma anónima-- que esta fascinante disciplina del paracaidismo fuera conocida, divulgada, respetada y tuviera vigencia permanente en nuestro medio y hasta nuestros días.

Antecedentes y algo de Historia

El sueño de volar es probablemente tan antiguo como la humanidad. Descubrir la historia del paracaidismo no es fácil, sin embargo, aquí presentamos algunos datos y episodios para tener una idea del proceso hasta la fecha.

Encontramos a los chinos como los precursores de la idea del paracaídas. Ellos construyeron una especie de paraguas para realizar saltos desde torres especiales. Por supuesto, no podían considerarse paracaídas, pero fueron los primeros intentos.

En el siglo XV encontramos al genio de todos los tiempos Leonardo Da Vinci, pintor, escultor, matemático, científico, ingeniero, diseñador y constructor de muchos aparatos. Estudió el vuelo de los pájaros y sacó conclusiones que hasta hoy son consideradas básicas en la ciencia aeronáutica. El paracaídas que él diseñó era de forma piramidal. Su idea original, era diseñar un aparato que sirviera a las personas que se encontraran en un edificio alto que se estuviera incendiando. Aunque no sabemos si él probó este paracaídas, muchos consideran a Leonardo Da Vinci como el "Padre del Paracaidismo".

En el año 1616 encontramos a otro italiano, Fausto De Veranzio, que publicó un libro llamado “Machine Nova", en el cual aparecía un dibujo llamado "Homo Volans", que mostraba a un hombre saltando de una torre con un paracaídas rectangular, con cuatro líneas sujetas al cuerpo en forma de arnés. Este artefacto es muy similar al que se usa actualmente en Paracaidismo Deportivo.

Fue en 1785, que Jean Pierre Blanchard, francés dedicado a volar en globo, diseñó y construyó el primer paracaídas con cúpula de seda que se podía empacar. Hasta esa fecha, todos los paracaídas eran construidos con una armazón, que mantenía la cúpula abierta. Él saltó desde un globo en 1793, y se quebró las dos piernas.

En 1779, Sebastian Le Normand, físico francés, hizo una serie de estudios con paracaídas, efectuando lanzamientos con animales. Debido al número de experimentos que realizó, podemos considerarlo como el primer constructor sistemático del paracaídas.

Hay muchas versiones acerca de quién fue el primer hombre en saltar en paracaídas. Pero el primer salto de exhibición indiscutido fue el 22 de octubre de 1797, cuando Andre Jacques Garnerin saltó desde su globo de hidrógeno sobre París. Su esposa, Genevieve Labrosse fue la primera mujer que saltó en paracaídas, en 1798. Su sobrina Elisa saltó 40 veces.

En el Perú, el 27 de marzo de 1927, el mecánico entelador Enrique Tavernie, desde un avión AVRO, piloteado por el norteamericano capitán Cliford, desde una altura de 2,000 metros, efectuó un salto en Las Palmas, convirtiéndose en el primer paracaidista peruano.

Posteriormente, el 10 de mayo de 1928, el subteniente César Álvarez Guerra saltó voluntariamente en Las Palmas desde una altura de 3,000 metros, convirtiéndose en el primer militar paracaidista.

Luego, el 16 de mayo de 1928, el comandante Fernando Melgar Conde y el sargento 1ro. José Pineda Castro, saltaron desde el cielo de Las Palmas a alturas de 2,000 y 4,300 metros, respectivamente.

El 24 de mayo del mismo año, el alférez de fragata Pedro Griva, del Servicio de Hidroaviación de Ancón, saltó desde una altura de 2,000 metros.

Como parte de los actos para la celebración del Día de la Aviación, en la Base Aérea de Chiclayo, y luego de ser convocados por el Coronel CAP César Álvarez Guerra y haber concluido rigurosos entrenamientos, el 23 de setiembre de 1940, saltaron en forma masiva desde aviones de fabricación italiana Caproni Ca.111 conocidos como Panchos, los siguientes: Capitán David Roca, Alférez José Quiñones y los Suboficiales Luis Alferano, Oscar Alamo, Antonio Brandaríz, Ricardo Colmenares, Néstor Madalengoitia y Carlos Raffo.

Cabe destacar que esta operación de lanzamiento masivo de paracaidista, efectuada por personal de Cuerpo Aeronáutico del Perú (CAP), fue la primera de su género en Latinoamérica.

Paracaidistas del CAP: Capitán David Roca, Alférez José Quiñones y los Suboficiales Luis Alferano, Oscar Alamo, Antonio Brandaríz, Ricardo Colmenares, Néstor Madalengoitia y Carlos Raffo, el 23 de Septiembre de 1940, quienes participaron en el lanzamiento masivo en Chiclayo. (Fotos de la página  Alas de Gloria)

Chiclayo – Cinco (5) Aviones Caproni Ca.111 desde donde se lanzaron los paracaidistas.
(Fotos de la página Alas de Gloria)

1939, Alférez CAP José Quiñones (Izquierda) y
Suboficial CAP Carlos Raffo (derecha).
(Fotos de la página Alas de Gloria)

No podemos dejar de recordar que, aparte de las intervenciones militares en defensa de los intereses nacionales, el paracaidismo, civil y militar, ha estado presente en forma efectiva y oportuna en los dolorosos momentos en que algunas zonas del país han sufrido castigos de la naturaleza, siendo el más terrible y penoso el terremoto y desprendimiento de la gran masa de roca y nieve del Huascarán, el domingo 31 de mayo de 1970, circunstancia en que intervinieron los SINCHIS de la Guardia Civil y las Fuerzas Especiales del Ejército, y por qué no decirlo, los médicos y paramédicos, todos paracaidistas, embarcados en el portaaviones GUAN, de la flota norteamericana, anclado frente a Paramonga, y enviado generosamente en ayuda al desastre natural por el Comando del Pacífico Sur, con sede en Panamá, de lo que doy fe, por haber servido voluntariamente en la zona afectada desde el seis de junio.

Fuerza Aérea del Perú

Es necesario señalar que la Fuerza Aérea del Perú tiene el privilegio de haber contado con la primera Escuela de Paracaidistas, ello fue en 1939, en la Base Aérea de Chiclayo, fundada por el coronel CAP César Álvarez Guerra, y en la que fue impulsor y activo paracaidista nuestro Héroe máximo, José Quiñones González.

Paracaidistas del Cuerpo Aeronáutico del Perú (CAP) frente a un avión Caproni Ca.111 listos para el embarque .
(
Fotos de la página Alas de Gloria)

En esta Escuela ubicada en la Base Aérea de Chiclayo del entonces Cuerpo Aeronáutico del Perú (CAP), continuaron la formación y el entrenamiento de Paracaidistas entre el personal de Suboficiales y de tropa debidamente seleccionados.

Es de lamentar que la primera baja que cobró la novedosa actividad de paracaidismo militar, fue durante las maniobras militares efectuadas en las pampas de Piedras Gordas, Ancón, el 14 de noviembre de 1940, donde falleciera el Sargento CAP Lázaro Orrego Morales en el salto masivo que hizo el contingente del entonces Cuerpo Aeronáutico del Perú, a causa de la no apertura de su paracaídas.

De esta Escuela es que salen los paracaidistas Suboficiales Antonio Brandaríz, Carlos Raffo Raffo y Orozco quienes desde un avión Caproni CA-111, piloteado por el capitán CAP Antonio Rojas Cadillo, saltaron en paracaídas y tomaron, en rápido y decidido actuar de desarrollo vertical, la localidad ecuatoriana de Puerto Bolívar, durante el conflicto Perú-Ecuador en el mes de julio de 1941.

Fotografías registradas desde el avión Caproni Ca.111 que efectuó el lanzamiento de los paracaidistas del Cuerpo Aeronáutico del Perú, Suboficiales CAP Antonio Brandaríz, Carlos Raffo y Orozco que tomaron Puerto Bolivar durante el conflicto con el Ecuador de 1941.(Fotos de la página Alas de Gloria)

Suboficiales CAP  Paracaidistas delante de los aviones Caproni Ca.111
(Fotos de la página Alas de Gloria)

Suboficiales CAP Paracaidistas listos para la  inspección antes de abordar los aviones.
(Fotos de la página Alas de Gloria)

Sección de Paracaidistas del CAP equipados para su lanzamiento.
(Fotos de la página Alas de Gloria)

Paracaidistas del CAP abordando los aviones Caproni Ca-111.
(Fotos de la página Alas de Gloria)

La actividad de paracaidismo en la FAP, inexplicablemente, fue desactivada en el transcurso de los años ´40, hasta que en los inicios de 1974, el coronel FAP Alberto Thorndike y el capitán FAP Alejandro Martínez, ambos paracaidistas formados en la Escuela de Paracaidistas del Ejército --con la eficiente colaboración de, especialmente, tres participantes del curso de Estado Mayor Conjunto de ese año: los mayores FAP Luis Iriarte, Germán Vucetich y Alipio Molina-- dieron el impulso necesario y materializaron los propios proyectos presentados a la superioridad para la organización, creación, entrenamiento y vigencia del Proyecto “S”, semilla de las futuras “Fuerzas Especiales” de la FAP -- es pertinente puntualizar que si bien la superioridad aprobó tácitamente actividades de esta naturaleza, éstas no fueron refrendadas formalmente-- las mismas que tuvieron un inicial y sorprendente desarrollo, llegando a totalizar al mes de setiembre de 1975, 3,497 saltos sin incidentes, la gran mayoría de ellos efectuados en la 48ª Comandancia de la Guardia Civil, en Mazamari, Satipo - los llamados SINCHIS - desde que en esa localidad se concretaron los entrenamientos, saltos y graduación del personal de oficiales y tropa que inicialmente integró los cuadros del Proyecto “S”, de la FAP.

Es necesario reconocer que la Guardia Civil, dadas las coordinaciones personales efectuadas por el Coronel Thorndike, no hizo ningún cobro por la instrucción en tierra ni por el desgaste de los equipos de paracaídas ni por la permanencia de los respectivos contingentes, junio 1974 a junio 1975 (en total fueron 400 hombres, en cinco promociones), corriendo por cuenta de la FAP la alimentación y las facilidades de los medios aéreos, que, a su vez, eran utilizados para el propio entrenamiento de los efectivos policiales.

En diciembre de 1975, se produjo la segunda lamentable pérdida en la disciplina del paracaidismo en la FAP en la persona del Alférez Carlos Gerhart, hecho que originó que el Comandante General de la FAP, General FAP Dante Poggi, en enero de 1976, dispusiera, en vista que no existía legislación pertinente, la desactivación integral e inmediata del Proyecto “S”, así mismo, sus efectivos fueron inconvenientemente dispersados siendo destacados por pequeños grupos a las diferentes bases aéreas y dependencias de la FAP, anulando los logros obtenidos y el trabajo y sacrificio que tanto había costado al grupo ya formado.

Nuevamente, en 1979, el Comandante General de la FAP, en ejercicio, el General FAP Luis Arias reagrupó a los miembros del Proyecto “S”, imprimiendo un relativo impulso dado que quedó creado por Decreto Supremo No. 007-79-AE, del 13 de Noviembre de 1979, publicado en la Orden General No. 65, del 19 de Noviembre de 1979, el Grupo de Fuerzas Especiales, GRUFE, con base en Vítor -- donde ya venía operando en forma rudimentaria la Escuela de Comandos FAP-- siendo su primer Comando el Coronel FAP Jorge Valdez. Posteriormente, prominentes miembros de la FAP han pasado o bien por su Comando o bien por sus escuelas de comando y de paracaidismo.

En algo más de tres décadas, las Fuerzas Especiales de la FAP, integradas por personal voluntario altamente calificado, han realizado muchas acciones valerosas en el frente interno y externo, así como en operaciones de búsqueda, salvataje y contra el narcotráfico, acciones reconocidas como de gran riesgo y profesionalismo, entre ellas citamos con orgullo el desempeño sacrificado y eficiente de la patrulla “Volvo” en las reales operaciones de guerra del Alto Cenepa, a fines de enero y febrero de1995, grupo de valientes que con su destreza y valor dejó muy alto el nombre de la Fuerza Aérea del Perú en defensa de los intereses nacionales.

Proyecto “S”  --  Fuerzas Especiales

Guardo el mayor respeto y consideración a los miembros de las Fuerzas Especiales de la FAP, los “comandos”. Los ví nacer y crecer, en 1974, desde que contribuí a la creación, organización, entrenamiento y consolidación del Proyecto “S”, como Fuerza de élite.

Corría el mes de febrero de 1974 y me desempeñaba como Subdirector de la Dirección de Operaciones del Estado Mayor de la FAP y a ese tiempo había acumulado del orden de 90 saltos en paracaídas --enganchado y caída libre-- pero en la Fuerza Aérea éramos “paracas” (paracaidistas) solamente el teniente Alejandro “Tuco” Martínez y yo, y era necesario formar un cuerpo especializado de “comandos” que llenara un gran vacío dentro de la FAP.

El entonces Capitán FAP Alejandro “Tuco”Martínez equipado para su lanzamiento en paracaídas.
(Foto libro Paracaidismo, Buen Salto de César Villanueva).

En pocas palabras, era necesario crear un cuerpo de seguridad especializado y permanente, cuyo personal fuera experto en artes marciales y con adecuada capacitación y entrenamiento profesional estuviera en condiciones de responsabilizarse y encargarse de la vigilancia y defensa de las instalaciones de las bases aéreas y, específicamente, de la protección del moderno, valioso y costoso material aéreo que albergaban; teniendo también como misión, el cuidado de las dependencias administrativas consideradas estratégicas y la protección de la integridad de las personalidades de la Fuerza Aérea. Esto en el terreno defensivo.

En el campo ofensivo, de acuerdo con las condiciones innatas de cada oficial, debía dotárseles de conocimientos orientados a la aplicación de la electrónica, manejo de claves, armas y explosivos, demoliciones, paracaidismo, ejecución de acciones de inteligencia y penetración para destrucción de objetivos, seguimiento, espionaje, contra-espionaje, etc., en terreno adverso, en todo tiempo y en forma autosuficiente.

Con este propósito me impuse la tarea, primero, hacer la selección y formar los cuadros y luego entrenarlos e implementarlos.

El proyecto “S”, que así se llamó inicialmente – y que así se llamó cuando fue desactivado desde que jamás fue reconocido formalmente--, se nutriría del caudal de oficiales jóvenes, alféreces, y algunos tenientes y capitanes, que sumaban algunas docenas, registrados en los cuadros de personal “SIN CALIFICACION”, por haber sido separados de personal navegante a pocos meses o semanas antes de graduarse o ya egresados de la Escuela de Oficiales y que, por carecer de alguna Especialidad definida estaban en condiciones de ser capacitados para la adopción de una nueva.

La Fuerza Aérea, en la necesaria obligación de reubicar a este personal, en el cual ya había invertido en su formación como cadete y que ahora era un profesional, a fin de darle un empleo, a unos los tenía nombrados como oficiales ayudantes y a otros, que habían rendido y aprobado los exámenes respectivos, los tenía destacados en algunos centros de estudios superiores, universidades, etc., por cuenta y costo de la propia FAP.

Con la respectiva autorización tácita de la superioridad, un día de febrero o marzo de 1974, no recuerdo bien, los reuní en el tercer piso del Ministerio y después de explicarles el Proyecto “S”, les dije: “... nadie los escoge a ustedes. Ustedes. voluntariamente aceptan y se eligen. Y por el desarrollo y dominio de sus capacidades alcanzarán, -o no,- a ser “comandos”. Durante su entrenamiento de paracaidismo y de “comandos” quiero resultados, de ninguna manera disculpas. Resultados y buenos resultados”.

Se inscribieron en el proyecto creo que más de treinta oficiales. Fueron sometidos a exámenes y pruebas médicas y los aprobados pasaron a seguir el riguroso entrenamiento físico y posteriormente el curso de paracaidistas en la 48ª Comandancia de la Guardia Civil en Mazamari, Satipo, que personalmente había coordinado. Los primeros graduados como paracaidistas fueron: Víctor Leal, Jorge Meza, Manuel Rivas, Luis Córdova, Rodolfo Carrasco (quien lamentablemente falleció el 21 de setiembre de 1990, siendo la tercera baja por accidente en el paracaidismo), Luis Barreto, Jorge Gavilano, Carlos Rojas, Andrés Zamora, Carlos Villamarín, Luis Márquez, Samuel Díaz, Rafael Ugarte y Alejandro Martínez, quien ya era reconocido y experto paracaidista, todos ellos, ya graduados, continuaron realizando saltos con paracaídas prestados por el Ejército, todo esto sin costo para la FAP dado a las gestiones personales ante altos niveles de comando del Ejército.

En el transcurso del año de 1975, ocurrieron cuatro eventos significativos que contribuyeron a consolidar el Proyecto “S”, que había precisado mejor sus funciones denominándose Fuerza “S”. Fui autorizado a hacer un periplo, entre el 7 y 10 de abril de 1975, con todos los graduados como “paracas”, que sumaban 20 oficiales, el mismo que cubrió las localidades de Vítor-La Joya-Chiclayo-Piura-Iquitos-Las Palmas, haciendo uno o más saltos en cada lugar y en Chiclayo y Las Palmas, saltos nocturnos. También realizamos saltos nocturnos masivos en el mar frente a las playas de Agua Dulce y Barranco, con la colaboración de embarcaciones de la Marina de Guerra para la recuperación de los protagonistas y sus equipos.

    

El Director de Operaciones de la FAP, Mayor General FAP Alberto Thorndike Elmore en la Base Aérea de  Piura saludando al Comandante del Grupo Aéreo No.7, Coronel FAP Jaime Arrospide Aubry y al Comandante del Escuadrón Aéreo No.712, Comandante FAP Oscar Gagliardi Kindlimann, el 7 de Abril de 1975, antes de abordar el avión para efectuar un salto sobre el campo de aterrizaje de la Base Aérea. Lo acompaña el Teniente FAP Luis Córdova. Siguientes  fotos: antes de tocar tierra y luego del salto.

      

Comandos Paracaidistas FAP son saludados por el Cmdte. Gral. de la Tercera Región Militar, Gral de Div. EP Gonzálo Briceño Zevallos en la Base de Vitor-Arequipa.
Recorte del diario El Oriente dando cuenta de la demostración de paracaidismo realizada en el Grupo Aéreo No42 – Iquitos.

Igualmente, el domingo 20 de julio de 1975, con ocasión de la demostración pública de fuego real que hicieron 40 aviones de combate, en la Bahía de Chorrillos, contra blancos anclados constituidos por bolicheras en desuso, organizada y dirigida por la Dirección de Operaciones del Estado Mayor de la FAP, saltaron en forma masiva y continuada sobre el mar 60 efectivos de la Fuerza “S”, paracaidistas-hombres rana, treinta de ellos desde un avión Hércules que decoló de Las Palmas y los 30 restantes desde un avión Buffalo que decoló de la misma playa de Agua Dulce, siendo la vertical del Club de Regatas el punto inicial para dirigirse a su “punto de salto” frente a Barranco y delante de varias decenas de miles de espectadores ubicados en los diferentes malecones y a lo largo de la Costa Verde y por otra cantidad aun mayor de espectadores desde sus hogares, a través de los Canales de TV que transmitieron el interesante evento.

Recorte de periodico reportando el lanzamiento de 60 paracaidistas en la Operación Impacto realizada por la FAP el 20 de Julio de 1975.

         

Algunos de los recortes de periodicos de Lima dando a conocer los resultados de la Operación Impacto realizada por la FAP el 20 de Julio de 1975.

Como tercer acontecimiento se puede citar la iniciativa presentada a la superioridad, por el autor de la nota, a inicios de 1975, sugerencia que fue acogida y apoyada y que consistía en la incorporación masiva de la mujer peruana a las filas de la Fuerza Aérea. Siempre había pensado que la mujer era más que una madre y una hembra, así como el hombre es más que un macho. La sugerencia presentada incluía la justificación de motivos y el proyecto en sí, que contenía aspectos relacionados con la divulgación de la oportunidad que se brindaría a la juventud femenina, inicialmente dentro de la capital, para inscribirse; el procedimiento de inscripción y registro; la incorporación y plan detallado de entrenamiento, el mismo que estaría a cargo de oficiales de la Fuerza “S”. El proyecto contenía la logística mínima necesaria y su valorización.

El proyecto indicaba el objetivo final: el 23 de julio de 1975, día institucional, y el 29 del mismo mes, Parada y Desfile Militar, desfilaría la Compañía Femenina, integrando el Batallón de “Fuerzas Especiales” de la Fuerza Aérea. Así ocurrió.

Recortes de periódicos - Integrantes de la Compañía Femenida de las Fuerzas Especiales de la Fuerza Aérea del Perú

El flamante Batallón de Fuerzas Especiales de la Fuerza Aérea, incluida la Compañía Femenina, despertó el entusiasmo de la ciudadanía y el interés del Ejército y al Marina de Guerra por imitar la novedad en los años siguientes.

El cuarto evento, y quizás el de mayor significación para los fines propuestos, ocurrió el 1° de mayo 1975: fecha en que ingresaron, previa selección y cumplimiento de exigencias, a la Escuela de Comandos del Ejército, once de mis oficiales.

La Escuela de Comandos del Ejército desde hacía varios años tenía un nivel técnico excelente dada la experiencia acumulada por su personal y la calidad del entrenamiento.

A las dos semanas de iniciado el curso fueron separados tres de ellos, uno por la pierna izquierda rota y los otros dos por dolencias estomacales agudas que merecieron su retiro para recibir tratamiento especializado.

La separación de los tres compañeros fue motivo para que los ocho restantes multiplicaran su autoestima y se prometieron resistir los apabullantes y sacrificados ejercicios físicos, trabajos de campo, de esfuerzo y pruebas de valor de alto riesgo.

Preocupado por la situación en que se podrían encontrar los oficiales de la FAP, aspirantes a “rangers”, realizaba visitas inopinadas a la Escuela --en esa época la Escuela de Comandos del Ejército quedaba en lo que hoy es el Fuerte “Rafael Hoyos Rubio”, en el distrito del Rimac-- por lo general hasta dos o tres veces a la semana, inclusive a media noche, y casi nunca los encontraba, ni en su cuadra durmiendo ni en las pistas de entrenamiento y a mis indagaciones, era informado lacónicamente: “... salieron hace una hora...”. Teniendo que conformarme con dejarles arengas escritas, que llevaba listas, colgadas de un chinche en la puerta de sus respectivos roperos con estimulantes frases para que no desmayaran y continuaran soportando el riguroso entrenamiento.

Esporádicamente, mis mensajes tenían respuesta, me dejaban breves pedidos: “necesitamos vendas y calmantes para el dolor”... “algo para desinfectar heridas”... “más antipiréticos”... “hemos jurado apoyarnos mutuamente para graduarnos todos”.

Esos mensajes estoicos que reflejaban situaciones difíciles pero sin menoscabo del entusiasmo y de la moral, mostraban la determinación inquebrantable de un puñado de valientes de coronar el éxito, en un medio donde el espíritu reinante -parcializadamente- era en favor de los oficiales del Ejército. El camino no fue jamás fácil, doy fe de ello.

A toda hora estuve con ellos, siempre les tendí una mano y de esta mano ellos se pudieron coger. Les llevé en la primera oportunidad una lámpara de rayos infrarrojos y lo que habían pedido y periódicamente medicamentos, calmantes, vendas, caramelos, desinfectantes en crema y líquidos, alcohol, tobilleras y no recuerdo qué cosas más... se lo merecían porque estaba seguro que más tarde serían los mejores “comandos”.

Dos de ellos estuvieron peleando hasta días antes de la graduación el primer puesto en el puntaje de evaluación... pero la “dignidad” del Ejército no lo podía aceptar y en la graduación el primero y segundo tuvo que ser de los de casa, el tercero y cuarto de la FAP, después el resto, pero todos con excelentes calificaciones y conceptos.

Doy testimonio que la versatilidad, sorprendente y dramática, que alcanza en sus conocimientos, y en su propio actuar, el miembro que es un “comando”, no se aprende en los libros, se aprende en la auto estimación, en la fortaleza y dominio de sus propios sentimientos.

Doy testimonio que el exhaustivo curso y la mayor parte del proceso de adiestramiento se relacionaba directamente con el desarrollo de las habilidades básicas y avanzadas para el empleo de armas y explosivos al igual que de supervivencia y con estas dos principales premisas, todo se orientaba a inducir capacidades individuales y de grupo para actuar en las mejores condiciones ofensivas en cualquier situación, así fuera la más adversa o la más peligrosa.

Doy testimonio que el entrenamiento y la rutina, si así se le podría llamar, estaban plagadas de pruebas desagradables y súbitas, es decir, sin previo aviso ni preparación, en cualquier lugar y a cualquier hora, las que tenían que superar y o arreglárselas en la mejor de las formas recurriendo a la iniciativa y echando mano a los recursos que se dispusieran en el momento. Sólo dependían de su voluntad, de su mente, no de su apellido, ni de su cuna, ni de su grado. La mente sobre la materia, la mente sobre el cuerpo. La mente se debía imponer sobre las circunstancias, sobre las actividades de extremo peligro, de riesgoso desplazamiento y, también, porqué no señalarlo, la mente debía inducir a períodos de catalepsia, o sea, de suspensión de sensaciones: miedo, cansancio, sueño, dolor, frío, hambre, sed. Sensaciones de esta naturaleza no están incluidas en el morral de combate de un “comando”.

Doy testimonio que en el escenario de su entorno ningún jurado calificaba su performance. Su desempeño en una actividad o misión específica o en el empleo de las armas o explosivos, sólo su eficiencia, fortaleza, iniciativa y habilidad conducía, o no, al éxito. De otro lado, la concentración que ponen en lo que hacen encapsula al mundo exterior, que no existe. Siendo gentes con emociones verdaderas --como cualquier ser humano-- se desensibilizan del tiempo, de necesidades biológicas, del apego a la vida, del dolor mismo. El “comando” tiene un espíritu de ayuno.

Doy testimonio que ya sea en actividades de paracaidismo enganchado o caída libre, en la costa o en Mazamari, de día o de noche; sea en inmersiones y trabajos de hombre rana; sea haciendo detonar explosivos, disparando a matar o escalando superficie pétreas, el “comando” es un hombre que cree, confía y apoya en un ser superior: el mismo.

La resultante de todo esto, es un “comando” mental y físicamente apto y logrado para el desempeño de la misión... cualquiera que ella sea.

Un oficial “comando”, ya graduado, me contó que durante el curso las arengas de compañero a compañero --o de la propia conciencia-- que se oían en la antesala del abandono, en momentos adversos de desesperación y decaimiento, eran: “no te rindas”, “sigue adelante”, “hazlo por la FAP”, “cumple con tu compromiso, con tu lema”.

Y así, todos ellos, no pensando en uno mismo sino en los demás, superaban obstáculos o momentos inverosímiles. El principio máximo de un “comando” cuando se trata de un compañero, es reciprocidad y camaradería.

Comparándose ellos mismos cómo fueron un año atrás, se dieron cuenta de lo mucho que habían crecido, madurado, descubierto y despertado valores y facetas increíbles de su propia naturaleza, que no sabían que existían y que se encontraban escondidas.

Es necesario -.y de justicia-- ponderar la abnegación y espíritu de sacrificio y desinterés de estos selectos oficiales que se hicieron paracaidistas en el año de 1974 y, más tarde, “comandos” dado que, por razones administrativas, de presupuesto y algo de desinterés

--ya se dijo pertenecían al Proyecto “S”-- no se les reconoció ni se les consideró que tenían derecho a la gratificación por Riesgo de Vida, pero todos ellos aceptaron tal situación y, sin protesta alguna, continuaron con sus entrenamientos y nuevas obligaciones --e inherentes riesgos-- sin percibir lo que siempre les correspondió.

¿Cómo era un día de entrenamiento?

Como una excepción, y ante mi insistencia ante el jefe de curso en el que estaban los oficiales de la FAP, fui informado en forma confidencial que el próximo día viernes los “comandos” harían un escalamiento en la carretera Central. Recibí instrucciones en las cuales se me pedía que arribara al punto a las seis de la mañana. Viajé por mi cuenta y alcancé minutos antes de la hora indicada el lugar elegido. Ya los futuros “comandos” estaban debidamente equipados.

Las jornadas de escalamiento duraban once horas, desde la salida a la llegada a la Escuela, empezaban a escalar con las primeras luces, pero el contingente había dejado las instalaciones de la Escuela a las dos de la madrugada, entre esas horas se había cubierto la distancia hasta el kilómetro 90 de la carretera Central y se había concluido el apresto.

Observaba todo el acontecer desde una distancia algo lejana y me impresionó la colosal pared de plomada que se apartaba muy poco de la vertical, en la que se iba a realizar el ejercicio. El primer grupo de “comandos”, en el que participaban dos oficiales de la FAP, ataca a una atalaya de piedra con miles de años de historia, sus paredes gris-negro han sido lavadas por milenios de lluvia y participan de una inamovilidad virginal inalterada desde el principio de los tiempos... ante su inmensidad, en su agreste base se desplazan raudos minúsculos puntos: los “comandos”.

La escalada en roca se realiza apoyada en la propia voluntad y en técnicas y materiales perfeccionados: clavos de expansión, anclajes, cuerdas y el arnés principal, todo esto trabaja en “equipo” y juntos hacen una de las tareas más difíciles y peligrosas de la actividad de un “comando”, para quien el peligro es una forma de vida.

En el escalamiento de paredes de granito el “comando” sabe que depende sólo de la fuerza de sus brazos y piernas y de las buenas técnicas desarrolladas que le permiten las leyes mecánicas de tracción que le dan la ventaja de aplicar la menor fuerza a fin de ahorrar energías. Reconocen que hay cierto peligro en lo que hacen pero no piensan en él. Saben que pueden salir lesionados pero confían y creen en ellos mismos antes que puedan resultar heridos. Si fallan no pueden culpar a nadie sino a ellos mismos. Si fallan reprueban el curso.

Los “comandos” debían ascender a alturas similares a un edificio de 15 pisos, o sea, equivalente a cincuenta metros. Un simple error, por descuido o nerviosismo en los pasos de este tramo, en donde se fusionan aterradoramente la agitación con el peligro, puede marcar la diferencia entre el éxito y la caída fatal. El ascenso es cuidadoso y eterno. El descenso es alegre y rápido, el “comando” emplea el “rapel”, es decir, la bajada a saltos de 3 ó 4 metros.

Me consta y doy fe de ello, que la inquietud y el temor del “comando” al iniciar su escalamiento, se transforma, al retorno, en triunfo, en una conquista por haber dominado y convertido a la muda y fría imagen de la pared de piedra en un perdurable testimonio al coraje y a la voluntad.

Comandos paracaidistas en pleno entrenamiento de combate. (Libro “Paracaidismo, Buen Salto” de César Villanueva)

Aprecio que mis “comandos”, cuando se enrolaron en el proyecto de la Fuerza “S”, cuando aceptaron someterse al riguroso reto del entrenamiento, primero de paracaidismo y, posteriormente, del curso de “comandos”, quizás no tenían mucha fe en ellos mismos y en su éxito... pero después que los ví, vencer a la pared de piedra, comprobé que eran hombres normales pero con características especiales que, con su determinación y voluntad habían desarrollado esa “cosa” interior que los hacía diferentes y que los distingue del resto, de manera de estar listos y expeditos para cumplir -con experiencia- la misión más imposible y llegar adonde el valiente no llega.

Ejercito peruano

En los primeros meses del año 1957, cinco oficiales del Ejercito se graduaron en la República del Brasil como paracaidistas y luego se perfeccionaron en las especialidades de maestros de salto, orientadores, doblaje y lanzamiento de equipo pesado desde aeronaves, ellos fueron: el capitán EP Walter Mackelburg Coronel y los subtenientes Gilberto Castellares, Otto Gabriel Martínez, Enrique Mendoza y alférez César Helio Villanueva, quienes, de regreso al Perú y liderados por el capitán EP Walter Mackelburg, fundaron el 4 de noviembre de 1959, la Escuela de Paracaidistas del Ejercito del Perú, proyectando para el futuro las importantes Fuerzas Especiales y Aerotransportadas. Igualmente, fueron fundadores de la Escuela de Paracaidistas del Ejército los tenientes Jorge del Pozo y Gerardo Lock, quienes paralelamente se graduaron de paracaidistas en la república Argentina.

También hicieron curso y se graduaron en Brasil, en la misma oportunidad, el capitán FAP Enrique Seminario, el teniente FAP Oscar Hurtado y tres suboficiales, los que posteriormente no desarrollaron mayor actividad por falta de equipos.

Fundadores de la Escuela de Paracaidismo del Ejército del Perú en 1959 de Izq. a Der. C.Villanueva, Pozo, G.Lock, W.Mackelburg, E.Mendoza, O.Martínez y G.Castellares.
(Libro “Paracaidismo, Buen Salto” de César Villanueva)

Desde su fundación a la actualidad la Escuela de Paracaidistas del Ejercito, cuna del paracaidismo nacional militar, civil y deportivo, ha brevetado a más de 65.000 alumnos del curso Básico de Paracaidismo y cuenta con la infraestructura correspondiente acorde con los adelantos y avances tecnológicos.

En 1959, en ceremonia castrense de gran importancia, se entregó la Bandera de Guerra de la Escuela de Paracaidistas, desde esta fecha el desarrollo de tecnologías y procedimientos ha sido muy dinámico en la preparación y entrenamiento de los efectivos que nutrió los cuadros de las Fuerzas Especiales, que, después de poco mas de veinte años de desarrollo y de actualización permanente de su doctrina de aplicación, se denominó la División Aerotransporta, con sede en Las Palmas, Gran Unidad de Combate que responde con rapidez y eficiencia a cualquier circunstancia, tal como ocurrió en 1981, al pretender el Ecuador darle vigencia al Falso Paquisha, en territorio peruano, y otros puestos de vigilancia, de los que fueron rechazados a sangre y fuego y más tarde, en 1995, en el Alto Cenepa, donde se llevaron acciones bélicas de gran envergadura, siempre con el éxito de las Fuerzas Especiales.

Fotografia tomada del libro “Paracaidismo, Buen Salto” de César Villanueva.

En el presente acápite, sobre el paracaidismo en el Ejercito peruano, vemos conveniente incluir el episodio que demostró la alta eficiencia y el magnífico grado de nivel operativo que representan las fuerzas de paracaidistas-comandos, dicho episodio es el rescate de 72 rehenes secuestrados en la residencia del Embajador del Japón, el martes 22 de abril de 1997, en que se llevó a efecto la Operación “Chavin de Huantar”.

A las 15:23 de ese día, un cuerpo selecto de Fuerzas Especiales combinadas del Ejercito, Marina y Fuerza Aérea, conformada por 140 aguerridos miembros irrumpieron en un asalto decidido y violento a la residencia japonesa que hacía 126 días había sido reducida por los terroristas del MRTA.

La acción sorpresiva y fulminante de los efectivos comprometidos –que emergieron del subsuelo desde túneles previamente cavados y, simultáneamente, penetraciones realizadas desde lugares estratégicos del exterior-- puso fuera de combate en escasos minutos a los catorce delincuentes subversivos, armados hasta los dientes, que ofrecieron mayor resistencia que la prevista y que habían alertado tener la decisión de inmolarse sin contemplación alguna con sus 72 secuestrados, ante la menor señal de que se intentase aplicar una acción de liberación en fuerza.

Lamentablemente, hubo el saldo doloroso de perder en combate al coronel EP Juan Valer y al capitán EP Raúl Jiménez, muriendo también en la refriega, el rehén magistrado Carlos Giusti.

Marina de Guerra

El grupo de Demolición Submarina, GRUDES, que inició sus actividades en los primeros años de 1970, exigió a sus miembros poseer la calificación de paracaidista militar como requisito básico de su formación, apareciendo en el GRUDES, los primeros paracaidistas como los tenientes primeros Jorge Marzano Patrón, Luis Polar, Juan Ramírez y Alberto Gambeta, así como el alférez de fragata Percy Navarro.

Cursos Básico de Paracaidismo de las Fuerzas Especiales (FOES) en la Base Aérea de Vitor, Arequipa-1998 (Libro “Paracaidismo, Buen Salto” de César Villanueva)

Fotografias tomas del libro “Paracidismo, Buen Salto” de César Villanueva

Paracaidismo Deportivo

Conocemos de numerosas disciplinas aerodeportivas de recreación y competencia pero la que destaca es el paracaidismo por su antigüedad, diversidad y tecnología. En nuestro medio, fue la Escuela de Paracaidistas del Ejército y en la persona de su fundador, Walter Mackelburg, que desde 1959, difundió dinámicamente esta práctica llegando a involucrar a un entusiasta grupo de ciudadanos que crearon en 1965 el “Paraclub”, con sede en Collique, que con el correr de los años fraccionó en varios grupos, tales como “Los Ángeles Negros”, “ICARO” y también “Halcones”, llegando todos ellos en 1976, a aglutinarse formando la Asociación Aerodeportiva de Paracaidismo de Lima (AAPAL).

El trabajo de esta organización ha sido fructífero y meritorio por los triunfos logrados en el ámbito nacional e internacional hasta el año de 1997, en especial, en los Campeonatos Latinoamericanos de Paracaidismo Deportivo.

Paralelo al desarrollo de “Paraclub”, apareció “PARAMIL”, que luego en 1959 se convirtió en “GRUPO ANTARQUI”, integrado por deportistas en servicio activo en el Ejercito y en la Fuerza Aérea que realizaron nutridas actividades en el país y en el extranjero por su cuenta y riesgo pero con autorización de sus respectivas instituciones.

Lanzamiento en caída libre (Libro “Paracaidismo, Buen Salto” de César Villanueva)

Con la finalidad de fomentar, promover y difundir la practica del paracaidismo deportivo, sus actividades estuvieron dirigidas dentro de las disciplinas de caída libre: precisión, estilo, trabajos relativos, demostraciones, saltos de investigación y prueba del material en todo el territorio nacional, y orientados a estar en condiciones de apoyar las necesidades y socorros en momentos de desastre en cualquier zona del territorio, realizaron cursos de instrucción y entrenamiento, así como organizaron actividades propias del deporte tales como festivales y eventos en todo el territorio nacional. Paralelamente, lograron mediante Escritura Pública del 21/02/2001 y 24/04/2004, constituirse como una Asociación Deportiva, sin fines de lucro, denominada Club de Paracaidismo Deportivo de Paracaidistas Peruanos Antarquis (“Parapers Antarquis).

Dando cumplimiento a las disposiciones y directivas de seguridad, en tierra y en el aire, que regula la Federación Aeronáutica Internacional con relación al paracaidismo deportivo, el Grupo ANTARQUI ha realizado, hasta el fin de año del 2002, 1,135 saltos (no se tienen la cantidad de saltos registrados en años subsiguientes), en 131 zonas de caída diferentes, en el territorio de la República.

No solo la practica de estos cultores del paracaidismo se concreta a realizarlas en zonas civilizadas como Collique u otras conocidas, sino que su entusiasmo alucinante los lleva a la experiencia más profunda de surcar los cielos andinos, dadas las inesperadas turbulencias y las intensas térmicas que ponen a prueba la capacidad del operador, que se verá obligado a recurrir a toda su destreza y pericia, para dominar los vientos de la cordillera ya sea volando en parapente, ala delta o parasailing y, sobre todo, con un moderno paracaídas. Así tenemos que, por ejemplo, realizar vuelos desde el Mirador de Racchi por la mañana, en el Valle de Urubamba, conocido también como "El Valle Sagrado de los Incas" (3,900 msnm), que tiene una diferencia de 1,000 metros y una actividad térmica que permite vuelos de permanencia muy placenteros de acceso inmejorable. O si se animan por el Cross Country en Cuzco que le ofrece una increíble oferta de zonas térmicas, ideales por la velocidad y potencia de los vientos, la base de sus nubes suele estar entre los 5,500 y 6,000 metros, condiciones muy atrayentes para los aficionados.

   

Fotos tomadas del libro “Paracaidismo, Buen Salto” de César Villanueva.

El salto emblemático del paracaidismo deportivo, en el Perú, creo yo, fue el efectuado en el inicio de la semana conmemorativa del Inti Raimi, o Fiesta del Sol, el 17 de junio de 1979, por ocho paracaidistas ANTARQUI, en la plataforma principal de la Ciudadela de Machu Picchu, Cusco (60 mtrs. x 25 mtrs.), todos alcanzaron el punto propuesto que desde la altura del salto se apreciaba como el nido de un cóndor rodeado de profundos acantilados. Ellos fueron: César Helio Villanueva, Daniel Garuz, Alejandro Martínez, Edison Gamarra, Víctor Hugo Rosas, Félix Castro, Juan García y Jerome Lemoine, ¡Felicitaciones a esos valientes del grupo PARAPER ANTARQUIS!.

Otro logro de sello espectacular fue el salto de precisión –en la pequeña plaza de toros de la localidad-- de cinco ANTARQUIS, en dos pasajes, desde una altura de 14,000 pies, el 1º de agosto del 2005, desde los cielos de Chalhuanca, en las altas estribaciones andinas de la provincia de Aimaraes, departamento de Apurimac, con motivo de la celebración del Señor de las Animas, patrono de la ciudad de Chalhuanca, ellos fueron: Adolfo Escobar, Rogger Neyra, José Gálvez, Francisco Calisto y Alberto Argote, siendo jefe del equipo de tierra Jaime Rojas.

 

Salto de Antarquis sobre la ciudad de Chalhuanca.
(Libro “ Paracaidismo, Buen Salto” de César Villanueva
.)

La historia se escribe con hechos y hombres –incluidas las mujeres-- y al haberse producido acontecimientos en el paracaidismo deportivo que marcaron época, nos felicitamos de ello, aquí algunas vivencias, entre otras: a inicios del año 1987, en el seno de la Fuerzas Especiales de la FAP, en la Base de Vítor, un grupo de élite inició prácticas de aprendizaje de “relativo de velámenes” con tan sólo su entusiasmo personal y de conjunto y unos cuantos vídeos de demostración de equipos extranjeros en esta especialidad, dicho grupo tomó el nombre de “Los Caballeros Azules”, quienes, luego de un tiempo, fueron invitados a Collique a un festival donde intervenían los cuajados equipos de “los Ángeles Negros” --dirigido por el magnífico amigo y mejor paracaidista, Daniel Garuz, coronel del Ejército francés en otra época, y en el que destacaron los entusiastas César Atala, David Edery, José Ibarra, Joseph Pauley, Raúl Cabrera y otros--“Paraclub”, “ICARO” y “Halcones”, liderado por el campeón y experto paracaidista en la especialidad de “trabajo relativo”, Fernando Gallegos.

Equipo que conformó “Los Caballeros Azules”
(Libro “Paracaidismo, Buen Salto” de César Villanueva)

“Los Caballeros del Aire” salieron de su anonimato sorprendiendo por la exquisitez en su especialidad. En noviembre de ese mismo año fueron invitados al II Latinoamericano de Paracaidismo, en Córdoba, Argentina. Era la primera vez que la FAP integraba una selección de paracaidismo del Perú. Nuestra representación no tuvo rivales ante las delegaciones de Argentina, Brasil, Chile, Guatemala, Panamá, Paraguay Uruguay y Venezuela, por la cantidad de rotaciones y calidad depurada de la técnica empleada.

“Relativo de Velámenes”, es la especialidad que consiste en saltar desde 10,000 pies y abrir inmediatamente el paracaídas para dirigirlo de tal manera de engancharse con el hongo del paracaidista que se encuentra debajo de él (el paracaídas esta especialmente diseñado para ello), formando una figura de “acordeón” e iniciado rotaciones en conjunto, es prácticamente un equipo de acrobacia aérea en donde la confianza y excelencia colectiva es la base del éxito.

               

Paracaidistas en caída librea formando La Estrella
(Libro “Paracaidismo, Buen Salto” de César Villanueva)

Igualmente, en el evento deportivo que se comenta, intervinieron exponentes de la FAP, de la Marina, del Ejercito y de los clubes privados, en las modalidades de “precisión”, “estilo”, “Trabajo Relativo Secuencial”, que consiste en hacer la mayor cantidad de figuras en plena caída libre, quienes obtuvieron puestos meritorios.

No podemos dejar de mencionar al peruano, Maurice Fernández Morris, en servicio en el Ejército norteamericano, que fuera campeón del mundo en las pruebas de “estilo”, en Lucene, Checoslovaquia, el 13 de agosto de 1982.

Carátula del Libro “Paracaidismo, Buen Salto” de César Villanueva Delgado.

Tampoco podemos olvidar a las destacadas damas peruanas paracaidistas, que obtuvieron los primeros puestos en el Campeonato Panamericano de 1982, realizado en Collique: Sara Montenegro, hija de padres paracaidistas, Patricia Suárez, Lerka Petrineck, Gisella Gianpietri y Orffa Villanueva.

Fotografías de las mujeres paracaidistas que dieron triunfos al Perú.
(Libro “Paracaidismo, Buen Salto” de César Villanueva)

Como nota histórica pintoresca dentro de lo ocurrido en el paracaidismo deportivo en el Perú, cabe destacar que en el cielo de Collique, a fines de 1983, se festejó, con participación de los testigos --todos juntos en un salto de “ronda matrimonial”-- el feliz matrimonio de la boda llevada a efecto en tierra, de nuestra campeona Panamericana del año 1982, Sara Montenegro, quien casó con el campeón nacional de paracaidismo de la prueba de “estilo”, en 1983, César Castillo Vargas,

En la actualidad el paracaidismo deportivo, se puede asegurar, es ilimitado en sus disci-plinas, tecnologías y extravagancias técnicas que hacen mucho más segura su actividad.

Experiencia personal

Con muy buena acogida de mi jefe directo, el general FAP Eduardo Montero Rojas, Director de la Escuela de Oficiales, inicié mis trámites para seguir el curso de paracaidista en la respectiva Escuela del Ejército. Me desempeñaba como Jefe del Departamento de Disciplina de la EOFAP. Así, con el oficio No.V-50-EOF-0150, de fecha 8 de febrero de 1964, mi jefe directo se dirige al Comandante General de la FAP, general Carlos Siles, para que solicite una beca al Ejército. La beca fue concedida y realicé el citado curso del 14 de abril al 20 de mayo del mismo año. Con lo que tuve la suerte y oportunidad de tener una actividad adicional en el aire.

Siendo Jefe del Batallón de Cadetes de la Escuela de Oficiales de Aeronáutica, hice el arduo y sacrificado curso de paracaidista en la Escuela de Paracaidistas del Ejército Peruano, donde, durante los interminables períodos de instrucción, no se tomaba en cuenta el rango militar --yo era comandante y el segundo en antigüedad del grupo-- y todos, reclutas, oficiales y jefes, éramos tratados del mismo modo, con igual rudeza y sin concesiones de ninguna especie.

Los monitores encargados de los ejercicios, hasta para los ojos del más miope, parecían verdaderos psicópatas-asesinos, aunque en el fondo no lo eran.

Recuerdo que en la primera mañana de instrucción me presenté impecable y escrupulosamente uniformado de faena, es decir, almidonado y sin arrugas, perfecta raya del pantalón, hebilla de correa brillante, botas lustradas y pelo mas corto que de cadete… pero no pasé satisfactoriamente la revista, pues el monitor  ordenó: “pelo largo, arrugas en pantalón, hebilla opaca, botas sucias… 20 ranas y 20 planchas”. Similar pena les propinó a los otros que conformaban el grupo.

Al terminar la revista nos dijo:

“Vamos a correr dos kilómetros en quince minutos...y mañana tres en veinte minutos... y así hasta que sean capaces de correr seis kilómetros en 40 minutos...¡cuerpo a tierra!...¡rampen 20 metros ida y vuelta!”.

Ante la ronca y enérgica voz de mando del monitor, mi cuerpo, y el de los otros compañeros, cayó automáticamente a tierra y empecé a rampar... pero, verdaderamente, me llevó algún tiempo en darme perfecta cuenta de lo que había oído: “... seis kilómetros en 40 minutos”! … y con botas!.

En la primera semana había bajado tres kilos. La instrucción y los ejercicios duraban cinco horas con un único descanso de 20 minutos, luego de las tres primeras horas.

El hogar, el trabajo, los amigos, todo se desvanecía ante y bajo el peso de la exigida rutina que me dejaba exhausto y adolorido. La dura calistenia matutina, los ejercicios con los potros (levantar por equipos gruesos troncos mojados), en la pista de cuerdas, pista de combate, paralelas, saltos desde el pollo, saltos desde la torre y las carreras. No se podía hacer ninguna clase de autoconcesión, había que seguir la rutina y el ritmo si es que se quería calificar.

Entrenamiento levantando por equipos gruesos troncos mojados
(Libro “Paracaidismo, Buen Salto” de César Villanueva)

Cabe hacer la confesión que, luego de ducharme en mi dormitorio ubicado en el edificio de Cadetes, mi compadre Huaraca (me había hecho padrino de su hijo Eugenio), jefe de los Especialistas (mayordomos de Cadetes), me frotaba con Charcot para aliviar los dolores musculares, así nadie se daba por enterado en lo que me había metido.

Completé con éxito las exigentes como rigurosas prácticas y el viernes 1º de mayo de 1964, con el grado de comandante FAP, realicé el primer salto en paracaídas.

El entonces Comandante FAP Alberto Thorndike Elmore retornando con su paracaídas embolsado despues de haber realizado su primer salto el 1ero. De Mayo de 1964.

Me gradué siete días más tarde, el 8 de mayo, realizando el salto de graduación –quinto salto-- siendo mi padrino el general FAP Eduardo Montero Rojas, Director de la Escuela de Oficiales e integrando la Promoción “GALLOS”, siendo Director de Escuela de Paracaidistas el mayor EP Jaime Galdos Rodríguez.

El Director de la Escuela de Oficiales de la FAP, May.Gral FAP Eduardo Montero Rojas colocandole el Ala de Paracaidista al entonces Cmdte. FAP Alberto Thorndike Elmore.

Integrantes de la Promoción de Paracaidistas “Gallos” y Director de la Escuela de Paracaidismo del Ejercito del Perú –
8 de mayo de 1963.

A pesar de las restringidas facilidades de tiempo por motivo de mis propias ocupaciones, llegué a totalizar, en dos años, 44 saltos con paracaídas de combate, en muchos de ellos cargando el equipo de campaña completo.

Ya en el grado de coronel, una concatenación de circunstancias constituyeron un escollo insalvable para poder continuar desarrollándome en esta disciplina --que la consideraba indispensable para la formación físico-mental de cualquier individuo y más aun, de un piloto de Caza--. Ellas fueron: mi cambio a Talara, como Comandante del Grupo Aéreo de Caza No.11, en los años de 1967-1968; el curso en el Centro de Altos Estudios Militares, CAEM, en 1969; mi permanencia --a pedido voluntario-- en Anta, Huaraz, luego del pavoroso terremoto del 31 de mayo de 1970, hasta casi fin del mismo año; mi nombramiento al Ministerio de Salud como Asesor Ejecutivo, los años 1971-1972, a órdenes de mi amigo el Ministro, general FAP Fernando Miró Quesada. Y también, hay que decirlo, el esmerado “celo” de algunos sectores altos del Ejército que se oponían a que continuara en la actividad de paracaidista con apoyo y facilidades brindadas por ellos mismos. Muy por el contrario fue el espíritu del capitán EP Walter Mecklenburg Coronel, el que en el año de 1957, con su peculiar amplitud y entusiasmo, fue quien me animó para que iniciara prácticas de paracaidismo militar.

Durante el año de 1967, estando de Comando en Talara, en compañía del teniente FAP Alejandro Martínez La Rosa, realizábamos saltos en Sullana, desde el helicóptero destacado en el GRU-11 y cuyo piloto era el teniente FAP José Melgar, con paracaídas que nos enviaba en aviones de week end, el general EP Francisco Ortiz Luna, compañero mío de curso de paracaidistas, promoción GALLOS, prácticas que quedaron prohibidas por escrito por el mismo Comandante General de la FAP, general Alberto López, apenas enterado de los furtivos envíos y devoluciones de los respectivos equipos.

El entonces Coronel FAP Alberto Thorndike, Comandante del Grupo Aéreo No.11, saltando de un helicóptero FAP sobre campos de Sullana, Piura. Foto tomada por el piloto del helicóptero Teniente FAP José Melgar.

A pesar de la inactividad de esos seis años, en el mes de mayo de 1973, cuando era coronel con más de ocho años de antigüedad en el grado, y me desempeñaba como Subdirector de Operaciones, solicité por escrito al Comandante General de la FAP,  teniente general Rolando Gilardi, autorización para reiniciar mis prácticas en el Ejército. La FAP aun no disponía de estos equipos.

Con oficio No. V-50-COM2-0078, del 6 de noviembre de 1973, el general Gilardi gestionó tales facilidades ante el Comandante General del Ejército, general EP Edgardo Mercado Jarrín, las que fueron concedidas de inmediato.

Reinicié la disciplina del paracaidismo con todo entusiasmo y tesón no solo con paracaídas de combate, sino que llegué a graduarme el 21 de noviembre de 1973, en la excitante modalidad de caída libre con paracaídas comandado. Mi instructor fue el más experimentado de todos: el mayor EP  Cholo Jorge del Pozo.

 Posteriormente, por Resolución Ministerial No. 0768-74, del 19 de junio de 1974, el Comandante General me autorizó “...para realizar prácticas de Salto Comandado en la Escuela de Paracaidistas del Ejército...bajo su responsabilidad”.

 En forma alternada, en la modalidad de combate (30%) y caída libre (70%) acumulé 305 saltos efectuados en Lima (8 ó 10 lugares diferentes). También en Chiclayo, Sullana, Piura, Pisco, Arequipa, La joya, Vítor, Iquitos y Mazamari-Satipo. En las Bases de Las Palmas y Chiclayo, Mazamari y en el mar de Chorrillos, realicé saltos de noche.

Gran parte de esta fructífera actividad se realizó cuando era Comando de la Fuerza “S” de la FAP, años 1974 y 1975 (sin nombramiento formal) –y Subdirector y Director de Operaciones, respectivamente-- lapso en que llegamos a totalizar --sin sufrir ningún incidente-- al 30 de setiembre de 1975, nada menos que 3,497 saltos a nivel Fuerza “S”.

     

Foto izquierda: El autor del artículo lanzandose en caída libre sobre Mazamari.

Foto derecha: El autor del artículo aterrizando en la Pampilla el 30 de Agosto de 1974, Día de la Guardia Civil después de saltar primero sobre las nubes seguido por 3 Sinchis, el Cap.EP De la Puente y el Teniente 1ero.AP  Marzano Patrón.

Ya tocando suelo en la Escuela de Policia el Día de la Guardia Civil el 30 de Agosto de 1974.

También practiqué saltos tácticos comandados sobre nubes, es decir, de precisión y sin visibilidad del objetivo en el terreno, logrando el blanco, esto, previo estudio en la carta, y utilizando rigurosamente las ayudas electrónicas a la navegación disponibles en el área de Lima, para ello, elegía un punto inicial en el aire para que el avión siguiendo el rumbo de aproximación, o vector, y en el tiempo requerido dada la velocidad, alcanzara “el punto de salto”, entre otros: en la Escuela de “La Pampilla” el 30 de agosto de 1974, durante la ceremonia oficial de celebración del día de la Guardia Civil, seguido por tres SINCHIS, el capitán EP De la Puente y el teniente 1ro.AP Marzano Patrón; el 3 de julio de 1975, individual, en el Fuerte Rafael Hoyos Rubio, en el Rímac; y el 14 de octubre de 1975, individual, en el restaurante de la Hacienda Villa, con ocasión de un almuerzo brindado a los cadetes de la Escuela de Aviación de la Fuerza Aérea de Chile y sus respectivos altos jefes, que se encontraban de visita, siendo los oferentes el Director de la Escuela, general FAP Arturo Calle, su planta de jefes y una representación de cadetes FAP.

El Coronel EP Carlos Arrisueño revisando el equipon del autor del artículo para el lanzamiento en caída libre en Collique en 1974.

Es honroso decirlo que, cuatro meses antes de pasar a la Situación Militar de Retiro, el 10 de junio de 1975, realicé dos saltos con equipo de combate y uno de caída libre, en la localidad de PAU, al sur de Francia, en la famosa y reconocida Escuela de Paracaidistas del Ejército Francés, donde fui especialmente invitado.

Tuve algunas emergencias siendo la más seria durante un salto en Las Palmas: es el caso, que en la tarde del miércoles 5 de marzo de 1975, había coordinado con el general Arturo Calle, Director de la Escuela de Oficiales, para que un avión Cessna T-41 y su piloto, estuvieran listos para decolar a las 17:15, para hacer un vuelo local, en el que haría un salto en paracaídas.

Al momento de equiparme ya era la hora avanzada y el avión debería hacer altura desde que tenía programado realizar un salto de caída libre de 40 segundos, por esta razón, confiando en que los equipos proporcionados por la División Aerotransportada del Ejército estaban en perfectas condiciones, no comprobé la bondad de los cerrojos de liberación rápida en el paracaídas principal, y en ninguno de los dos equipos verifiqué la fecha en la respectiva tarjeta de empaque. Así, sin perder tiempo, me equipé y decolamos para alcanzar 12,000 pies a la vertical de Las Palmas. Cuando alcanzamos la altura, ordené al piloto que era el teniente FAP Hernán López, que ganara 1,000 pies más... que fueron los que me salvaron!.

Salté, y no sé porqué razón abrí el paracaídas casi inmediatamente.En este momento se presentó la emergencia. El paracaídas no se desplegó, por el contrario, parecía una enorme vela --charuto completo en el lenguaje de los paracas-- . Intenté liberar el equipo principal con las correderas... éstas estaban atascadas, no pude accionarlas ni cruzando los brazos.

Recurrí al paracaídas de emergencia y lo abrí procediendo como en estos casos, es decir, agarrándolo una vez abierto y tirándolo hacia un costado para impedir que se enrede con el principal y sus cuerdas. El paracaídas de emergencia era una estopa mojada y su despliegue semejaba una gran sábana húmeda y retorcida que no serviría para nada. Decidí actuar para desplegar la campana del principal. Para ello, procedí a recoger, como podía, la sábana húmeda que era el de emergencia y lo iba poniendo entre las piernas, cuando casi lo había logrado inicie mi subida por las cuerdas hasta llegar a cualquier paño de la sombrilla, agarré el primero y lo separé del adyacente y, así, hasta que logré desplegar tres paños. Consideré que con esta “teta” sería suficiente y me solté de las amarras por las que había subido. El templón que se produjo cuando alcancé mi posición hizo que el resto de la sombrilla se llenara de aire y la velocidad de caída se amortiguó.

Verifiqué mi altura sobre el terreno y estaba a escasos 100 o 150 metros, precisamente sobre la pista principal de taxeo frente a la torre de control, lo que quiere decir que mi caída había sido en una vertical perfecta. Me preparé para un aterrizaje fuerte... y terminó el incidente. Como era hora en que los cadetes practicaban deporte, apreciaron todo lo ocurrido y al momento de aterrizar habrían más de cincuenta a mi alrededor. Minutos más tarde, aun estando en el lugar del aterrizaje, ingresó al grupo el Director de la Escuela de Oficiales, mi amigo y compañero “Maúrtua”, el general Arturo Calle, recibiendo una reprimenda de su parte quien entre otras cosas me dijo: “...ya estás viejo para estas cosas!”.

Guardo, como parte de mi patrimonio, y como recuerdo muy especial de ese momento crucial de mi vida y experiencia como paracaidista, el puño de comando del paracaídas principal con que salté aquel miércoles 5 de marzo de 1975.

Dos consideraciones que destacan: es cierto que “La confianza mató a Palomino” y cuando a uno no le toca... no le toca.

Hoy me refugio en el recuerdo y quedo satisfecho de los emotivos momentos del apresto, del vuelo previo y haber saltado con paracaídas y equipo de combate y con paracaídas deportivos y al lado, entre otros, de mi amigo Gonzalo Briceño, César Vinatea, mi compañero de clase en el colegio, Carlos Arrisueño, Rafael Hoyos. Domingo Campos, Pancho Ortiz Luna (mi compañero GALLO), César Villanueva, Félix Vergara, y el Cholo Jorge del Pozo. Igualmente, en la 48º Comandancia de la Guardia Civil, en Mazamari, con Ricardo Rojas, Carlos Delgado Matallana y el Cholo Jorge Rivera. En el ambiente deportivo al lado del experto Daniel Garuz, Gisella Gianpietri y Daphne Basalto (ya fallecida) y otros arrojados caballeros.

Por supuesto, en la FAP, acompañado de Alejandro Martínez, Coco Meza, Rafael Ugarte, Lucho Barreto Lucho Córdoba, Carlos Rojas, Tata Arias y otros muchos, entre ellos el anónimo avionero.

Con quien no salté jamás –y me lamento-- fue con mi amigo de siempre, Walter Mackelburg, dada su temprana desaparición --consecuencia de su incomparable honor y dignidad-- pero no puedo dejar de señalar que con su peculiar entusiasmo, me aguijoneó para que me iniciara en la apasionante disciplina de la práctica del paracaidismo militar.

El martes 10 de diciembre de 1957, al día siguiente de la gran demostración conjunta de de más de cien paracaidistas de los ejércitos peruano y brasilero, realizada masivamente frente a Lomo de Corvina y Villa (“4 Ases”, la escuadrilla acrobática de la FAP, contribuyó al espectáculo), me invitó a la recién constituida Escuela de Paracaidistas y orgulloso de lo insipiente que ya tenía me enseñó todas sus instalaciones y animó a que hiciera el curso básico, cuando menos. Para mis próximas vacaciones, desde que me encontraba destacado en Talara, solicité por conducto regular la respectiva autorización, la que fue denegada. Insistí en 1963, me desempeñaba como Jefe del departamento de Disciplina de Cadetes, y fue aprobada, pero Walter Mackelburg, ya había fallecido.

1º de diciembre del 2006

Bibliografía consultada, de la cual se han extraído textos literales: artículos varios publicados en las revistas ANTARQUI, AVIACIÓN, AOFAP, VISIÓN AÉREA, y los libros “Ayer… un Día”, del autor del presente escrito, y “Paracaidismo, Buen Salto”, del Coronel EP César H. Villanueva, Google y algunas enciclopedias.

 

Publicado en www.arribasiemprearriba.com